El efluente de una planta de tratamiento de aguas residuales que esté bien diseñada, bien construida y bien operada, cumplirá con la normativa ambiental del país para descarga a cuerpos receptores o para reúso en aplicaciones con contacto directo o indirecto del ser humano. Sin embargo, no será apta para consumo humano. Se puede sin embargo, usando tecnologías avanzadas de tratamiento, tomar esta agua que sale de una planta de tratamiento y volverla de nuevo potable. Existe la tecnología para hacerlo y solo debe hacer un análisis de costo beneficio para determinar su aplicación.

Efectivamente, puede hacerse. Existen en el mercado diversidad de micro plantas de tratamiento, con tecnologías variadas y montos de inversión razonables. Es aconsejable hacerlo cuando se está lejos de una red de drenaje, se dispone de área verde en la cual se pueda reusar el agua ya tratada, y se incluyan las consideraciones apropiadas en el manejo de los agentes de limpieza y biocidas por parte de las personas que habitan la vivienda.

 

De hecho, el agua de lluvia es una de las fuentes de agua, de mejor calidad, disponible en el planeta. Se trata, prácticamente, de agua destilada. Si se colecta y almacena adecuadamente, su potabilización es uno de los procesos más simples.

 

La diferencia principal estriba en el hecho de que el primero consume energía para poder limpiar el agua mientras que el segundo produce energía mientras limpia el agua. Suena contradictorio pero es una realidad: limpiar el agua mientras se aprovecha la energía química de los contaminantes para producir energía. Esta es la gran bondad de los sistemas anaerobios, desafortunadamente desconocidos por muchos en nuestro medio.

Nada más alejado de la realidad. Una fosa séptica es una parte básica de un sistema de tratamiento individual (para una vivienda) el cual debe estar siempre seguido por un campo de absorción (o de infiltración) para poder ser admitido como sistema de tratamiento válido. La fosa séptica como tal es un sistema de tratamiento primario (sedimentador primario y trampa de grasas, y su remoción de materia orgánica biodegradable – en forma disuelta y coloidal – rara vez alcanza al 35%. Por ello la necesidad de contar con un sistema de tratamiento secundario (el suelo) acompañando siempre a la fosa séptica.

Significa Demanda Bioquímica de Oxígeno, y es una medida indirecta de la cantidad de materia orgánica biodegradable presente en el agua residual.